De una vez, Don Juan Carlos quiso que sin decir nada los hechos cayeran por su propio peso. En eventos importantes, y cuando hubo corrillos con periodistas, con su fino humor, y sus elegantes quiebros, el Rey mostró su sorpresa cuando oía hablar de tensas, o incluso malas relaciones, de Doña Letizia con sus cuñadas, las Infantas Cristina y Elena.
Este asunto no fue a menos sino a más, llegándose a convertir en una leyenda urbana, algo dado por cierto en base a una mezcla de comidillas, apuntes de tertulianos en programas mordetobillos de la televisión, y tema recurrente en conversaciones sobre la Familia Real. Quizás la Reina, en sus polémicos encuentros y/o conversaciones con Pilar Urbano, que tantas interpretaciones han tenido, dio pábulo sin quererlo a esta leyenda al hablar mucho de Doña Letizia y poco de sus hijas, las Infantas.
Por eso Don Juan Carlos quiso, de una vez, y en un marco muy familiar, y relevante para las familias reales europeas como fue la boda griega del príncipe Nicolás y Tatiana Blatnik, que se viera que esa relación es fluida, sencilla y cariñosa. La Reina, de manera sabia, ayudó con discreción a que esa intimidad trascendiera de forma natural. Para Don Juan Carlos, que respeta escrupulosamente la independencia y personalidad de sus hijos, es importante el clima de gran familia entre abuelos, hijos, nietos y primos.
Resuelto este flanco, importante, va comenzar en este curso político el grueso de una operación de diferentes plazos que no es otra que la sucesión en la Corona. La Reina ya dijo en varias ocasiones que el Rey no abdicaría. Pero Don Juan Carlos, a quien emocionó el gran cariño recibido en los días de su enfermedad, cree que llegó el momento de dar un paso atrás y dejar a los Príncipes más protagonismo en las audiencias en el palacio de la Zarzuela y en la actividad en general de la Corona. Busca así que cuando se produzca la inevitable sucesión, todo se produzca de forma natural.
Para esta etapa, que será un momento tan importante en la Historia de España como fue la Transición, Don Felipe llegará con una relación muy fluida con los presidentes de las repúblicas de América Latina, una misión que el Rey ha considerado prioritaria para él, negándose incluso a que anulara su viaje a Costa Rica en los días inciertos de su operación.
En esta etapa importante en la Casa del Rey, Alberto Aza tendrá un papel importante para activar lo que será la primera parte de la sucesión, o la llamada sucesión blanda. De forma muy significativa, en los actos hechos públicos de la rentrée real, la Casa del Rey enfatizó las actividades de los Príncipes de Asturias.
El arranque de septiembre
La llegada del mes de septiembre marca el comienzo de la actividad oficial de los Reyes y de los Príncipes de Asturias en el Palacio de la Zarzuela (Madrid) tras la estancia estival en Palma de Mallorca. La primera de estas recepciones en Madrid, según la agenda distribuida por la Casa del Rey, será el jueves 2 de septiembre. Don Felipe y Doña Letizia recibirán en La Zarzuela, a partir de las 11.00 horas, a la Comisión Ejecutiva de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios, a la Comisión Ejecutiva de la Asociación de Fundaciones Andaluzas y a una representación de los alumnos del master COPE de la promoción 2009-2010.
Al día siguiente, el viernes, los Príncipes volverá a tener tres audiencias a partir de las 11.00 horas. En esta ocasión con la Confederación Española de Empresarios de la Madera, la Corporación municipal del Ayuntamiento de Teruel y del equipo CAI Voleibol Teruel y a la Junta Directiva del Club Internacional de Prensa.
Antes de regresar a la capital, los Reyes y los Príncipes ofrecerán este lunes 30 de agosto una cena de despedida a las autoridades de Baleares. Al día siguiente, martes, y como último acto oficial en Mallorca, Don Felipe y Doña Letizia recibirán en audiencia a una representación del Consell de Mallorca, con motivo de la presentación de la candidatura de la Sierra de Tramuntana para ser declarada como Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría de paisaje cultural.