El Partido Revolucionario Institucional (PRI) proclamó su victoria en los comicios celebrados el domingo en 14 Estados de México pero perderá sus feudos de Puebla, Oaxaca y Sinaloa, según los datos de las encuestas, a la espera de conocer los resultados definitivos el próximo miércoles.
Para el PRI fue fue una victoria agridulce, llena además de lecturas, según indicaron analistas a Hechos de Hoy. El PRI ganó pero perdió sus feudos de poder más emblemáticos, sus auténticos fortines políticos: Oaxaca, Puebla y Sinaloa. En estos Estados, donde el Partido Revolucionario Institucional acaparaba el poder desde hace 80 años, sufrió una derrota inesperada. El revés tiene su origen en la maquiavélica alianza de perro y gato, PAN y PRD, los enemigos irreductibles que pactaron lo que nadie imaginó. Fue, en clave europea, una especie de “pacto a la griega”, el de conservadores y comunistas.
Para Josefina Vázquez Mota, coordinadora del PAN en la Cámara de Diputados, acabó la teoría del “carro completo”, es decir que no hubo el tsunami electoral que el PRI esperaba porque la democracia mexicana, con sus luces y sombras, comienza a dibujar nuevos escenarios de diferentes equilibrios. En Oaxaca y Puebla, el PRI gobernó con mano de hierro y recibió un jarro de agua fría. Para el PAN, si el PRI pensaba que su carrera hacia Los Pinos en 2012 sería un cómodo paseo, descubrió que quienes lo tendrán que decidir son los ciudadanos. Ante lo sucedido, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, mostró indignación.
Clima de violencia sin precedentes
Numerosas filas se formaron en los centros de votación en varias ciudades, pese al temor creado por el clima de violencia preelectoral sin precedentes desde 1994, cuando fue asesinado un candidato presidencial. Pese al temor los comicios se celebraron en 14 de las 32 entidades federales (31 Estados más el distrito capital) donde se renovaron congresos; en 12 se escogieron gobernadores y alcaldes de unas 1.500 poblaciones.
A la espera de datos definitivos, el PRI ganó ampliamente pero perdió tres bastiones emblemátcos: Oaxaca (sur del país), Sinaloa (este) y Puebla (centro). En esos tres Estados se impuso la alianza del conservador Partido Acción Nacional (PAN), del presidente Felipe Calderón, en una alianza con el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).
La victoria de Egidio Torre
La jornada estuvo salpicada por denuncias de incidentes. El PAN denunció allanamientos de dos sedes en Veracruz y y la detención de 12 colaboradores que atribuyó a los gobiernos en manos del PRI. Ese partido por su parte había pedido a su militancia acudir en forma masiva a las urnas para contrarrestar el miedo creado por la creciente violencia, que atribuye a una estrategia errada de Calderón contra el narcotráfico.
El lunes pasado Rodolfo Torre, candidato del PRI y favorito para ganar el gobierno de Tamaulipas, fue asesinado en una emboscada a su caravana de campaña atribuida por el presidente al crimen organizado. Egidio Torre, quien reemplazó a su hermano como candidato, ganó el cargo con 66% de los votos, según la encuesta de Televisa.