Un archivo oculto que esconde los secretos de los grandes autores del siglo XX. Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela confiaron sus más preciadas obras a la agencia de Carmen Balcells. Las 2.000 cajas que vendió en el 2010 al Ministerio de Cultura cuentan el lado menos conocido de las mejores plumas del siglo.
¿Qué correcciones se le pueden hacer a las obras de Miguel Delibes antes de ser publicadas? ¿Qué liquidaciones cobró Pablo Neruda por derechos de autor? Carmen Balcells se atrevió con los más grandes cuando aún no habían adquirido la fama mundial. Puso en primer plano a Miguel Ángel Asturias, Juan Marsé y Ana María Matute. Vicente Aleixandre, ya por entonces premio Nobel, también pasó por sus manos. Y así hasta 200 autores que pasaron por la agencia de Balcells.
Las 2.000 cajas que contienen estos documentos están almacenadas -como informó Hechos de Hoy- en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. El Ministerio de Cultura compró los contenidos en el 2010 por 3 millones de euros, aunque el futuro del fondo de Carmen Balcells es una incógnita. El Gobierno de Zapatero pretendía crear un centro nacional de editores, basándose en estos contenidos, pero la falta de presupuesto dificultó el proyecto. Desde la Generalitat se ha tratado de llevar los archivos a Barcelona, por las raíces catalanas de Balcells.
Nacida en Lérida en 1930, Carmen Balcells fue especialmente valorada por los autores tras haber eliminado los contratos vitalicios y haber impuesto cláusulas de cesión por tiempo limitado sobre un libro. Nada hacía sospechar que esta mujer, de origen humilde, se iba a codear con los más grandes. Hija de unos pequeños propietarios rurales en Santa Fe de Segarra -pueblo de tan sólo 50 habitantes-, se convirtió en el poder en la sombra de los grandes autores.
Primero trabajó como corresponsal en Barcelona para la agencia literaria ACER. Después se trasladó a París, donde fundó la Agencia Literaria Carmen Balcells. Poco a poco, autores como Julio Cortázar, Torrente Ballester, Terenci Moix y Juan Goytisolo confiaron en sus habilidades. Mientras que ellos ponían la pluma y el talento, ella aportaba la lucha y el sacrificio para que los Neruda, Delibes y compañía gozaran de reconocimiento mundial.
Gabriel García Márquez la bautizó como Mamá Grande, debido a su comprensión con los autores y su perseverancia ante las editoriales. Una tormenta para las grandes compañías, un refugio para el escritor extraviado. Carmen Balcells miró a los ojos a los mejores escritores del siglo XX e hizo frente a las grandes empresas. Su espíritu apostaba por un talento que ahora guarda testimonio en este legado.