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Segmentos entre neuronas son erradicados y la persona va perdiendo su memoria, perdida en esos agujeros negros cerebrales; y no sólo la historia y la identidad sino la forma de hacer las cosas, es decir, la memoria motora y otros procesos perceptivos como el pensamiento, el aprendizaje y el lenguaje.
De hecho, la apatía extrema es uno de los síntomas que acompaña y se acrecienta en los pacientes con este desorden neurodegenerativo, también la agresividad. El Alzheimer es una cruenta forma de perder a alguien y las historias no terminan; se estima que para el 2050, una en cada 85 personas en el mundo padezca de Alzheimer.
Las investigaciones se esfuerzan en descubrir el origen para conocer mejor cómo se forman esos personajes que las causan y borrarlos a ellos. Precisamente, conocer el momento en que comienza su horrendo camino por nuestros cerebros es una forma de elaborar un tratamiento efectivo para prevenirla, pero para ello tenemos que diagnosticarla en sus comienzos, a lo mejor hasta mucho antes. Por el momento, se tienen pruebas cognoscitivas que pueden diagnosticar la enfermedad hasta ocho años antes de que se presenten signos certeros pero las ideas sobre lo que la produce abundan; placas del péptido beta amiloide y las proteínas tau conforman señales claras, y a lo mejor causantes, del Alzheimer.
La investigación, no obstante, continúa entre genes, proteínas, receptores neuronales, placas, cromosomas y hasta priones, los mismos que producen la enfermedad de la vaca loca. En ese sentido, un nuevo estudio en la Universidad de Lund en Suecia afirma haber descubierto una forma certera de determinar la enfermedad hasta diez años antes de ser diagnosticada. Los biomarcadores beta-amiloide y la sustancia tau fueron los utilizados.
Marcadores de riesgo
“El 91% de los pacientes con pérdida de la memoria leve tenía estos marcadores de riesgo y luego presentó Alzheimer; en contraste, aquellos que tenían pérdida de la memoria pero valores normales de los marcadores no presentaron el riesgo”, explicó el investigador Oskar Hansson quien ya antes había llevado a cabo una investigación en donde los resultados mostraban cambios patológicos en el cerebro de un paciente cinco años antes del diagnóstico. “Con el nuevo estudio hemos doblado el tiempo del anterior. Es un descubrimiento muy importante en cuanto a que puede permitir que terapias contra el desorden sean desarrolladas y aplicadas antes de que sea ya muy tarde. Tristemente, hasta el momento las terapias han mostrado ser inefectivas para detener la enfermedad, a lo mejor, si las aplicamos antes, tengamos mejor resultado”, dice.
El investigador recuerda que estos resultados sólo serán beneficiosos al paciente si se elaboran métodos efectivos que erradiquen el desorden desde sus comienzos. En la actualidad existen algunas pruebas clínicas que podrían beneficiar a las personas si, por alguna razón, como un diagnóstico temprano, pueden entrar en ella mucho antes de estar enfermos.
En el experimento, bajos niveles de beta-amiloide y altos de la sustancia tau presentaban un riesgo grave de padecer la enfermedad. “Hemos observado los niveles de los biomarcadores durante una década antes del diagnóstico de los pacientes y eso nos ha permitido elaborar un mapa de la progresión de la enfermedad en el cerebro. Los resultados indican que comienza con un vuelco modificado del beta-amiloide, sólo más tarde se notan los cambios en la proteína tau y los daños en las células nerviosas”, explica Hansson.
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En la imagen, cortesía de la Universidad Rochester y EurekAlert, placas amiloides formándose en el cerebro. |
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