Luis Rubí, fiscal general del Estado, adelantó unas horas antes de que se hiciera público el informe que la causa fue accidental. Poco después, la embajada estadounidense en Tegucigalpa publicó los datos de la investigación elaborada por el IRT de la Agencia de Bebidas Alcohólicas, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de Estados Unidos.
El incendio se generó en el módulo seis de la prisión, en la cuarta columna del área occidental, propiciando la ignición de los materiales inflamables cercanos. Entre las causas del terrible suceso se descartan las opciones de un cortocircuito o el empleo de gasolina bajo un supuesto plan de fuga, como señalaron algunos medios. También se explicó que en las autopsias realizadas a más de 200 cadáveres no se encontraron signos de muerte por bala, como pudo saber Hechos de Hoy.
El informe que llegará a manos del presidente Porfirio Lobo se mostró crítico con la situación de las condiciones de seguridad del centro penitenciario, entre las que figuran una superpoblación de presos, la presencia de materiales inflamables y la falta de un plan de evacuación, así como la falta de personal en servicio -la tragedia alcanzó tal magnitud al no encontrarse al guardia que tuviera las llaves correctas para abrir las celdas de los presos-.
Nerviosismo entre los familiares
La noticia coincide con la situación de nerviosismo vivida entre los familiares de los presos. Cansados de aguardar en la puerta del depósito de cadáveres para esperar la identificación de sus seres queridos, algunos de ellos lograron entrar en las instalaciones para tratar de encontrar a sus allegados. Estas labores de identificación están siendo especialmente complejas debido al estado en el que se encuentran los cuerpos tras el incendio.