Esta vez la crisis de Gobierno no se la madrugaron al presidente desde el grupo Prisa como sucedió con el reajuste que acompañó al cese de Pedro Solbes y su relevo por Elena Salgado. Fue filtrada por el PSOE y el propio interesado, Celestino Corbacho. La Vanguardia de José Antich, El Mundo de Pedrojota Ramírez, El País de Javier Moreno y La Razón de Francisco Marhuenda adelantan un tsunami político cargado de sorpresas.
Para Marisa Cruz, en El Mundo, el miedo electoral del PSOE es el detonante de la crisis de Gobierno. Luis R. Aizpeolea insiste El País en que lo esencial es la salida de Celestino Corbacho para reforzar a los socialistas catalanes del PSC ante la crítica convocatoria electoral en Cataluña, a la que ya se le pone la fecha del domingo 28 de noviembre. Y Jordi Barbeta en La Vanguardia sitúa al ministro de Trabajo como el detonante al renunciar y abrir una nueva crisis en el Gobierno de Zapatero.
Todo indica que habrá una aceleración de acontecimientos una vez cerrado el acuerdo del PNV sobre los presupuestos del Estado. Hechos de Hoy apuntó a comienzos de verano en el giro sopesado por Zapatero de alejarse definitivamente de CiU y cerrar un pacto con el PNV hasta el final de la Legislatura. En su viaje a China y Japón, el presidente insistió en esas claves.
Se abrirá por tanto, solventado este escollo, y minimizados en Moncloa los posibles daños (o enfado) con Patxi López, una crisis de Gobierno que no se centrará sólo en la salida de Corbacho para ser el número tres de Montilla. Zapatero habría estudiado la fusión de ministerios y la salida de ministros con su propia agenda electoral: la batalla de Trinidad Jiménez por la presidencia de la Comunidad de Madrid, y el deseo de Miguel Ángel Moratinos, de pasar de la diplomacia a la vida local con su particular sueño de ser el alcalde de Córdoba, la ciudad que le seduce.
Todo este cambio al que ya se le dado el banderazo de salida en Moncloa y Ferraz incluye una estrategia sutil. Frente a las encuestas del PP, y el deseo de Mariano Rajoy de dar un golpe de autoridad en los comicios municipales y autonómicos, Zapatero estaría acariciando la respuesta total. Es decir, juntar estos comicios con las generales anticipadas desbaratando así el plan de la oposición. Finalmente, tras meditarlo en el largo mes de agosto, el presidente habría tomado la decisión no de resistir sino de atacar en un curso político que por lo ya visto será el de las grandes maniobras y los órdagos finales.