Un equipo en la Universidad de California en San Francisco, descubrió genes en el cerebro encargados de típicos comportamientos animales relacionados con la supervivencia y la reproducción como la agresividad, la maternidad y el sexo.
Parecía un sagaz juego genético. Los genomas de ratoncitos eran manipulados por los investigadores cambiando así algunas de sus conducta básicas. Te quito este gen y desaparece tal interés, te quito este otro y ya no quieres ni reproducirte, expreso aquel y te conviertes en un peleón. Los resultados eran impresionantes y estaban enlazados con esas conductas que diferencian a los niños de las niñas.
Existen comportamientos básicos del animal que son producidos por los genes y otras moléculas. Cada especie desarrolla un cerebro y atraviesa experiencias que afinan esas conductas y originan otras a su alrededor, no obstante, un sistema básico, guiado por la biología y perfeccionado por el ambiente, nos hace quienes somos. Y hace mucho que usamos las hormonas para cambiar ciertas disposiciones individuales. Los científicos han observado sus influencias en la definición del sexo de los embriones, sus efectos en la pubertad con rasgos específicos para cada género, más aún, estimulan la producción del esperma y los óvulos. Los venerables órganos de la reproducción.
De hecho, los cambios sexuales necesitan hormonas para funcionar; y no sólo en los transexuales. Algunas mujeres posmenopáusicas se valen de pomadas de testosterona para mantener el apetito sexual alto; los hombres también lo hacen para continuar con una vida sexual activa.
Ciertamente, los experimentos con roedores en el laboratorio han establecido una relación directa entre el estrógeno y la testosterona sobre conductas básicas de reproducción y supervivencia. Modelos de ratones hembras con un rasgo genético que no les permite sentir los efectos del estrógeno carecen de interés hacia el sexo, tampoco se comportan maternalmente. Estos animales no le dedican su tiempo a la cría. De la misma forma, cuando ratones machos reciben una dosis extra de testosterona, su nivel de agresividad aumenta significativamente. Los pleitos ocurren a cada momento y los animales marcan sus territorios con orina e intentan tener sexo con más hembras de lo normal. El comportamiento de los roedores castrados es completamente opuesto.
Conducta descompuesta en elementos genéticos
Estas hormonas sexuales, que distinguen los géneros desde las etapas embrionarias, tienen otro interesante mando genético pues, de acuerdo a tu sexo, genes distintos se expresarán en el hipotálamo de los cerebros. De hecho, el equipo identificó 16 de estos genes y descubrió que podían apartar conductas clásicas masculinas y femeninas y convertirlas en elementos individuales, cada una gobernada por sus propios genes.
“Es como si pudieras descomponer una conducta social en componentes genéticos”, explica Nirao Shah, profesor del departamento de anatomía en la Universidad de California en San Francisco y uno de los autores del experimento. “Si podemos hacer eso con las conductas sexuales, qué otras partes podríamos también descomponer genéticamente”.
Los investigadores nos explican también que existen ciertos desórdenes neuronales y genéticos que poseen claras distinciones entre sexos, haciendo a uno de los géneros más propenso a contraerlo. Estas diferencias genéticas podrían ayudarnos a comprender mejor problemas neurológicos como el autismo, que está más presente en chicos que chicas.
“Algunos de los genes que hemos encontrado en nuestro estudio están implicados en varios desórdenes humanos con proporciones desequilibradas entre los géneros. No sabremos inmediatamente cuáles son ni los distinguiremos todos con este estudio solamente, pero en el futuro es probable que nos ayude a identificar terapias contra esas enfermedades”, dijo.
Como la distribución de electricidad en una casa
Los investigadores explican en el informe que la situación es análoga a la forma en que una casa distribuye la energía del suministro. Una hormona sexual es similar al interruptor principal que conecta a la casa con el poste y regula la electricidad para la casa completa. Los genes individuales influenciados por las hormonas sexuales son como los interruptores de luz en cada habitación, que hace posible que enciendas las luces en la cocina y dejes la del cuarto apagada.
Los roedores en el estudio pertenecían a distintos modelos con estos 16 genes inhibidos o expresados. Los investigadores podían hacer que los ratoncitos fueran agresivos y marcaran territorio pero perdieran el interés en aparearse o que las hembras perdieran el deseo de cuidar a sus hijitos.
“Es realmente apabullante ver cómo el sistema biológico posee los mandos que manipulan hasta nuestros comportamientos. Los recorridos de estas hormonas y neurotransmisores por receptores varios de las células nos hace más propensos a unas conductas más que otras”, indica Shah.
La fisiología de la conducta puede explicarse a través de la biología evolutiva y los genes tanto en roedores como en primates. Sin embargo, el sistema humano es mucho más complejo y sutil; el hipotálamo, las glándulas pituitarias, los receptores celulares, las estructuras cerebrales, los genes y otras moléculas junto a las hormonas producen un mundo realmente portentoso y tantas veces inexplicable para el Homo sapiens, una especie que no sólo se cuestiona a sí misma, sino que produce todo tipo de arte y fantasías con sus regocijos y malestares.
Como controlan las hormonas sexuales el comportamiento
- Glenys Álvarez, psicóloga y periodista científica, reside en República Dominicana y publica más temas interesantes de ciencia en Editora Neutrina.