¿Por qué el recuento se hizo infinitamente largo? Había cinco urnas y el ambiente fue de infarto como fue contando Hechos de Hoy. En la primera urna hubo un empate y tensó los ánimos porque nadie pensó ni imaginó ese escenario. En la segunda Alfredo Pérez Rubalcaba aventajó a Carme Chacón por veinte votos. En la tercera, ganó Chacón por poco al igual que en la cuarta reduciéndose la ventaja en diez puntos. En la quinta se impuso Rubalcaba con el resultado final de 487 votos a su favor frente a 465 de Chacón, dos en blanco, y uno nulo.
De las muchas lecturas, sólo hay una en mi opinión. Ganaron Felipe González y Alfonso Guerra. Y por supuesto Rubalcaba. El ambiente en la víspera sin embargo fue diferente y al final, como en los partidos de Nadal frente a Djokovic, todo se decidió por los últimos detalles, en este caso los discursos. El de Rubalcaba fue sólido e hizo levantarse a los delegados de sus asientos con el desafío de denunciar los acuerdos con la Santa Sede. El de Chacón levantó las dudas perdiendo aquellos delegados indecisos que esperaron hasta el último momento para decidir.
Aunque las críticas fueron feroces por parte de algunos, la realidad tozuda de lo sucedido en Sevilla resultó la de que hubo miedo a la frase acuñada por el expresidente de Extremadura -un sentimiento compartido además en la vieja guardia- de la victoria de un "Zapatero con faldas". Frente a la aventura del cambio, se impuso el inmovilismo, que hoy por hoy lo representa Felipe González que cuenta con la maquinaria engrasada de El País donde no hubo dudas para descargar un duro golpe contra el cambio.
Lo que viene ahora son enigmas. Chacón interesaba como nuevo fenómeno a los ciudadanos sin carné del PSOE. Rubalcaba, como sufrió en sus propias carnes en las elecciones generales, no despierta ningún entusiasmo. Hay una fractura y heridas y sólo el tiempo dirá como cicatrizan. Por lo pronto, Carme Chacón dejó claro que no será la muleta del rubalcabismo.
En la lista de efectos colaterales, gran satisfacción de Patxi López y horas bajas, en principio, de José Antonio Griñán -en las puertas de decisivos comicios en Andalucía-, que decidió jugar la carta de los chaconistas. Para el Gobierno y el PP, la constación de que el felipismo recuperó el poder, acabada la experiencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Durante la larga noche de negociaciones, Griñán sería la gran sorpresa.
Soraya Sáenz de Santamaría, la mujer clave del Gobierno de Mariano Rajoy, que tiene las medidas perfectamente tomadas a Rubalcaba, tomó nota de lo sucedido al igual que su jefe. Si Chacón hubiera ganado, se hubiera abierto un escenario desconocido. Con Rubalcaba al frente del PSOE, simplemente el felipismo recuperó las llaves.