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Casa Lucio: ver, ser visto y comer no sólo huevos estrellados
Lucio Blázquez, toda una institución al frente de su restaurante. (Foto: J. A. L.)

Casa Lucio: ver, ser visto y comer muy bien, no sólo huevos estrellados

Lucio Blázquez a sus 83 años sigue vistiendo su blanca chaquetilla y atendiendo las mesas repletas diariamente de comensales. Comenta feliz :"Mis clientes son mi vida". Y así es.

EL VIEJO MADRID
 / Actualizado 3 febrero 2017 Ampliar el textoReducir el textoImprimir este artículoCorregir este artículoEnviar a un amigo
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Se he escrito -yo lo he hecho- que a Casa Lucio se va a comer, a ver y a ser visto. No seríamos justos si no añadiésemos que también a comer bien, pues este lugar del viejo Madrid posee ese imán prodigioso que atrae a  todo tipo de público a saborear los platos más castizos de la ciudad.

Lucio Blázquez a sus 83 años sigue vistiendo su blanca chaquetilla y atendiendo las mesas repletas diariamente de comensales. Comenta feliz :"Mis clientes son mi vida". Y así es.

Con sus alegres ojillos de amistad habla sobre sus materias primas "muy bien escogidas y de primera calidad" o se autoproclama: "uno de los españoles más conocidos internacionalmente".

"Por aquí -refiriéndose al restaurante- han pasado desde reyes y presidentes de gobierno de muy diferentes países hasta premios Nobel, intelectuales , periodistas, gentes del espectáculo, grandes deportistas.." Y es verdad.



Abrió esta casa en 1974. Antiguamente era El Mesón del segoviano. Allí había comenzado a trabajar con 12 años cuando llegó de Serranillos (Avila) para labrarse un provenir. Consiguió con el tiempo comprar el viejo caserón, en una calle que fue antigua parada de arrieros y muleros, a Doña Petra, su propietaria. Y abrió en el citado año lo que es hoy un punto de referencia culinario e histórico.

Al atractivo local hay que sumar otros activos culinarios como son  El Landó, Los huevos de Lucio y El viejo Madrid. Ahora le ayuden en el negocio sus hijos, Carmen, Fernando y Javier.



Casa Lucio tiene dos plantas, un bar en la entrada y varias salas con paredes de ladrillo visto coloreadas de rojo, abundantes recuerdos fotográficos, modelados bustos  de personajes históricos, todo evoca historia en este lugar de la Cava Baja madrileña.

Este entrañable rincón gastronómico tiene su encanto en cualquiera de las cuatro estaciones del año. A mí me gusta especialmente en invierno, cuando los buenos platos de cuchara o los suculentos guisos son un reparador estimulo para su visita.



Lucio se declara "mesonero" y como tal es fiel a la cocina de siempre. La "cocina de la gente sencilla" como la denominaba Manuel Martínez Llopis. Platos barrocos y contundentes, salsas suculentas, potajes clásicos y castizos, aderezados todos con su amable conversación.

Lucio visita a diario mesa a mesa narrando anécdotas vitales o respondiendo a preguntas de cómo se cocinan algunas de sus creaciones culinarias. Siempre con aire de amistad y evitando cualquier discusión. Su bonhomía por encima de todo.

El servicio esta secundado por su maître Teodoro Martí y un equipo de sala que ve renovarse el comedor varias veces mañana y noche.

¿Y qué hay que comer en Lucio?, puede que se pregunten los novicios. Pues para comenzar: una buena sopa, distraerse con marisco bien seleccionado o entrar directamente a  meterse entre pecho y espalda los famosos huevos estrellados o rotos, que tanta fama le han dado y que de alguna manera son el plato estrella de la casa.

Al parecer la historia de este invento culinario tiene que ver  con su abuela. Un día cocinando se le rompieron los huevos y los sirvió de esa manera. Son huevos de gallina de corral que se hace traer desde el Barco de Avila. Las patatas tienen su origen gallego. El buen aceite de Jaén y el punto están en las manos guisanderas de la cocina.

Se trata de conseguir que la yema este fluida y la clara sin hacerse del todo. Así la mezcla con las patatas es perfecta. Una vez fritos los huevos con la yema a punto se "estrellan" contra el plato lleno de las patatas fritas. Y para ayudar, la rosca de pan candeal.



Los callos son de los de verdad, bien hechos al calor de la lumbre de leña. Se guisan lentamente en tarteras especiales de barro sobre el fuego de cocina de las llamada "económica" alimentada por carbón y leña. Deben de añadirse un poco de morro para conseguir mayor suavidad gracias a su gelatina. Además de un fondo vegetal deben contener chorizo, morcilla, jamón y quizás tocino.

Las especias varias terminan de redondear el guiso. Estas van desde el pimentón que le da color al plato hasta la guindilla que le proporciona mordiente. Finamente desgrasados se pueden comer con la seguridad de que la digestión será normal. La garantía de procedencia y  cocina lo avalan.

Los platos de invierno más populares de la casa son el cocido (miércoles), la fabada (martes) y las judías con faisán (domingos).

Muy ligado a esa cocina de origen menestral está la pepitoria. Esta preparación era para un guiso de gallina. Lucio ha sustituido la gallina de la receta popular por el capón mejorando el resultado. ¡Qué punto! Este es un guiso para chuparse los dedos.



Al plato hay quien le concede origen árabe pero lo cierto es que no se sabe bien de donde proviene esta receta que con su base en la gallina fue y es todavía muy popular. En su hechura combina un fondo de verduras que no renuncia al ajo ni a la pimienta y la harina que se traba al fondo ligando una salsa a la que se añade para fortalecerla almendras  picadas, huevo duro y perejil.

Los carnívoros  también pueden deleitarse con el jarrete de ternera, el rabo de toro o las albóndigas de ternera. Los pescados también están bien representados en la meluza, la lubina en salsa verde o las cocochas de merluza.

Como cierre un postre en la línea de la cocina de toda la vida: arroz con leche, natillas, pan perdido de canela o queso con membrillo.

Y al despedirse, la amable sonrisa de Lucio que está al pie del cañón hasta que el último cliente se despide.

FICHA 

CASA LUCIO
Cava Baja, 35 Madrid
Tel :913653252
Precio aprox: 45 euros
Día de cierre semanal: Ninguno
 

 

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