“Las fuerzas armadas son la espina dorsal de Egipto” ha declarado recientemente Hussein Tantawi, jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA). Esto es lo único que parece estar claro en el actual periodo de incertidumbre política que atraviesa el país. Tantawi añadió, para tranquilizar a sus escépticos conciudadanos, que las fuerzas armadas entregarán el poder a la autoridad civil a tiempo, esto es el 30 de junio cuando esté en marcha el nuevo poder ejecutivo.
Pero para esa fecha debería haber en Egipto una nueva constitución, un presidente elegido democráticamente y un nuevo gobierno en marcha. Todo aparentemente normal salvo que a poco más de dos meses de esa fecha el camino dista mucho de estar despejado.
Egipto "no debe ser cedido a nadie, ni a un grupo en particular, tiene que ser para todos los egipcios, de acuerdo con la voluntad popular" añadió Tantawi en un aviso para que ninguna de las fuerzas políticas en presencia pretenda monopolizar el proceso constituyente y en consecuencia la futura evolución del país. El dardo iba directo al partido Libertad y Justicia, brazo político de los Hermanos Musulmanes, los cuales después de haber afirmado durante los días de lucha revolucionaria en las calles que no pretendía acceder al poder, han acabado presentando dos candidatos a la presidencia de la república, sospechándose que uno de ellos iba a ser rechazado por la Comisión electoral tal como ha sucedido.
Los Hermanos Musulmanes, hermandad fundada en 1928 por Hassan al-Banna, nunca lo ha tenido fácil en su país natal pero han sobrevivido a regímenes diversos gracias a la continuidad de su discurso religioso y a la flexibilidad en su adaptación a situaciones políticas y sociales de lo más diverso. Periodos de acción violenta y fases de retirada a un discurso de contenidos generales y morales, adaptaciones a la realidad política del momento y fidelidad a una idea básica y permanente, -la implantación de la charia, o ley islámica en todo el mundo-, asesinatos, unos producidos otros sufridos por ellos y una cierta mística sufí, han dado a la Hermandad un cariz de sociedad si no secreta si algo esotérica. Esto suele producir, en poderes escasamente democráticos o claramente autoritarios como los habidos en Egipto desde su independencia, un rechazo visceral frente a algo poco fiable y con lo que no se puede contar en un proyecto modernizador.
Y este es precisamente el espíritu con el que los militares se enfrentan a la fuerte presencia de islamistas y salafistas en la Asamblea del pueblo nacida de las recientes elecciones.
Ese parlamento debería ser, en lógica democrática, constituyente o producir un organismo más restringido o más técnico pero reflejo de las fuerzas políticas en presencia. Sin embargo el momento no es el de un proceso con bases legales consensuadas sino el de una situación revolucionaria y es lógico y deseable que en la Asamblea constituyente esté reflejada toda la compleja sociedad egipcia y no solo un vector por importante que sea.
La realidad es que los grupos islamistas están utilizando toda su capacidad de maniobra, en las nacientes instituciones y en la calle, en un intento de dominar esa Asamblea que debe elaborar la nueva constitución. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas no está por la labor de ceder y de ahí el aviso a navegantes realizado recientemente por Tantawi.
Tanto desde sectores universitarios laicos como desde la Universidad de Al-Azhar -que se retiró de la Asamblea constituyente-, de los grupos en defensa de la igualdad de las mujeres, de los liberales o de los cristianos coptos, hay un clamor unánime para que esa Asamblea constituyente tenga un carácter más representativo de la realidad egipcia manifestada en la revolución de Tahrir. Una Asamblea en discusión y con muy poco tiempo para elaborar una constitución que se desea esté preparada para la fecha de entrega del poder por los militares.
La purga de candidatos a presidente que ha dejado fuera de la carrera presidencial a diez, de los veintitrés aspirantes, no añade claridad a la situación y mucho menos por los criterios y la forma con los que han sido eliminados del concurso electoral previsto para el 23 de mayo.
Y ahora el gas
Momento muy poco oportuno para una decisión que puede complicar la situación de Egipto en la esfera internacional y que ha consistido en romper el acuerdo de suministro de gas natural a Israel anunciado por la compañía estatal EGAS. Esto representa suspender un contrato previsto para 20 años, 7.000 millones de metros cúbicos de gas y unos ingresos de 2.500 millones de dólares. Israel ya ha dejado caer que la situación podría afectar a los acuerdos de paz firmados en 1979. A pesar de los avisos israelíes ambas partes intentan presentar esta situación como un problema comercial entre empresas.
¿Por qué en este momento tan complicado para Egipto? ¿Por qué renunciar a unos ingresos seguros mientras las entradas de turistas ha descendido fuertemente?
¿Está quemando incienso el gobierno militar ante el altar de los salafistas e islamistas que no son precisamente amantes de Israel?
Sean cuales sean las respuestas hay hechos como que el precio pactado para el gas egipcio estaba por debajo del de mercado. Asunto oscuro y que tiene ramificaciones en España por la extradición pedida por Egipto de un ciudadano egipcio con pasaporte español que era estrecho colaborador de Mubarak y que se supone medió en el discutido contrato.
- Como destacó Hechos de Hoy, la sombra de los militares y de nostálgicos de Mubarak se alza sobre el islamismo rampante en Egipto. Muchos se preguntan ¿habrá que volver a la plaza Tahrir?