Son dos cuestiones. La primera, la prima de riesgo disparada sobre la que Mariano Rajoy, en el marco del Congreso, se pronunció en su primer llamamiento público a la Unión pidiendo solidaridad. Quien tiene su despacho en la torre de Frankfurt, el italiano Mario Draghi, no fue ajeno a esta petición realizada con un rictus ya de indignación del presidente de Gobierno.
El segundo asunto se centra en dónde acaba esta loca carrera. En Irlanda terminó en 544; en Portugal, 517; y en Grecia, 500. En ese punto se originó el proceso de rescate de los tres países.
La prima de riesgo cerró el martes en 485 puntos pero se disparó en la mañana de este miércoles, bajo los fuegos de las nuevas elecciones en Grecia y las dudas no despejadas sobre la banca española, llegando a alcanzar los 507,15 puntos y bajando en el cierre a 482. El interés que los inversores exigen a los bonos españoles a diez años (y es especialmente importante y significativo) llegó hasta el 6,508%. El Ibex siguió en caída libre y se hundió al cierre a mínimos de 2003 (-1,33%).
A diferencia de las crisis de Grecia, Portugal e Irlanda, tanto el actual presidente de gobierno, Mariano Rajoy, como el expresidente, Felipe González, acertaron al coincidir en que no habrá un cuarto rescate. No se producirá ni en el caso de España ni el de Italia. Por decirlo de forma más tajante, llegamos a la hora final.
Tanto Rajoy como sus ministros de Economía y Hacienda, Luis de Guindos, y Cristóbal Montoro, observan con gran preocupación estas fortísimas tensiones sobre la prima de riesgo. Al margen de lo injusto de estos ataques, sigue como cuestión absolutamente central la solvencia del sistema financiero español, que es pilar de pilares. Rajoy, en dos decretos, primera y segunda reforma, lo ha acometido con decisión como mostró la caída dolorosa de Rodrigo Rato en Bankia. Pero se está actuando al calor del fuego griego.
Se trata de una cuestión que afecta a los cuatro países claves de zona euro que son Alemania, Francia, Italia y España. En su post en The New York Times, Eurodämmerung (eurocrepúsculo u ocaso en alemán), Paul Kugman disparó todo tipo de comentarios al hablar de la argentinización de España y de un corralito. Lo que irritó a los dos ministros de Rajoy.
Sin embargo Krugman fue más allá, como destacó Hechos de Hoy, al trazar el reto que aguarda a François Hollande y Angela Merkel. Planteó aceptar inyecciones masivas de capital público en Italia y España, con una revisión en su estrategia. Apuntó que daría, sobre todo, esperanza a España que vería respaldada su deuda, con el control de su prima de riesgo, y permitiría una inflación más alta en la Zona euro que favorezca un ajuste de precios. Es decir habló de inflación y precios.
Querámoslo o no, el melón de Grecia se abrió. Grexit (en el argot) se situó en un primer plano. Va a ser una presión sofocante en un escenario muy fluido porque está en juego el euro tal como hoy lo conocemos, una moneda nueva y muy poderosa que puede resistir o fracasar. Angela Merkel, François Hollande, Mario Monti y Mariano Rajoy deben saber que llegamos al cabo de las tormentas donde hoy la vida es aún mejor que mañana.
Sin duda esta galerna se atravesará y se accederá a aguas remansadas. Pero nadie sabe quiénes sobrevivirán. Krugman recurrió al gran drama wagneriano de la lucha de dioses para ilustrarlo. Se acercó bastante al clímax en que de nuevo este jueves se vivirá en los mercados. Por lo pronto, la fuga de depósitos que se produjo en Grecia amenaza con llevar a los bancos al colapso