La relectura de Moby Dick, además de descubrirme una novela para adultos falsamente destinada a los niños en los tiempos disney que vivimos, me llevó a querer indagar más en la vida de su autor. Si ser una biografía, Melville, de Elizabeth Hardwick, cumple perfectamente con ese cometido, desde la admiración por el personaje y tomando como eje sus obras, tanto las más conocidas como las más desconocidas.
Herman Melville fue ninguneado por la crítica durante buena parte del siglo XIX tras saludar sus éxitos como narrador con la historia de la persecución y muerte de la ballena blanca. Después, sucesivas generaciones de críticos rescataron su producción y descubrieron un autor mucho más complejo y sutil de lo que se pensaba.
Hardwick establece un inteligente paralelismo entre lo poco que se sabe a ciencia cierta de la vida personal de Melville, su obra y la actitud de crítica y público ante sus novelas. Aunque no desdeña las interpretaciones y hasta fantasías que algunos sostienen sobre Melville, Hardwick se muestra cauta a la hora de valorar los estudios y juicios que, al menos en mi opinión, más disparatados resultan. Por ejemplo, la homosexualidad latente en ciertos párrafos y escenas de varias de sus obras o los juicios políticos o religiosos que traslucen supuestamente ideas muy avanzadas para su época.
Lo cierto es que Melville fue un escritor muy complejo a pesar de su aparente sencillez y un peculiar grafómano, que concentró el grueso de su producción en muy pocos años y que después dejó pasar los últimos 20 años de su vida sin escribir una sola línea. Estuvo acuciado por los problemas económicos durante años, lo que era un mal endémico de su familia.
En resumen, una buena introducción a la vida y secretos de Herman Melville con sus obras y las circunstancias en las que se escribieron como eje.