Si aplicáramos una moviola, todo comenzó en Palma de Mallorca el Domingo de Resurrección. En la imagen, el Rey Juan Carlos I y la Reina Doña Sofía posando junto a los Príncipes de Asturias y sus dos hijas, y la Infanta Elena. Una imagen aparentemente feliz y distendida, siempre muy esperada tras la misa de Pascua, a las puertas de la catedral de Palma de Mallorca.
Poco después se produjo el tiro en el pie de Felipe Froilán, en un episodio no totalmente aclarado con su padre Jaime de Marichalar. A uno de los nietos más activos de los Reyes, muy apreciado por sus abuelos, le llovieron visitas y llamadas. No se produjo sin embargo la que más se esperaba, la del Rey. Días después se supo por qué no se produjo la visita. El Rey se había trasladado en secreto a un campamento de lujo de caza en Botsuana donde abatió un elefante y se fracturó la cadera.
En aquel viaje sucedieron más cosas, que ya había insinuado Pilar Eyre en su libro La soledad de la Reina. Entre los acompañantes del Rey figuraba la princesa alemana Corinna. La tormenta fue formidable porque la Reina no regresó precipitadamente a España de su viaje privado a Grecia. Mostró ademas en su fugaz primera visita (visita de médico) su reacción de cierta distancia. En una segunda visita, el encuentro se transformó en almuerzo y sobremesa de tres horas (el pacto de San José como describió Hechos de Hoy), siendo la antesala de las disculpas que pidió el Rey.
Desde entonces la Reina mostró que había marcado su propio espacio para ejercer como madre y como abuela. Lo hizo en su viaje a Washington para asistir al cumpleaños de su nieto Miguel. Acudió en compañía de la Infanta Elena a dar el pésame al clan Urdangarin y a estar con su yerno, Iñaki, el duque de Palma, en momentos muy tristes. Y logró que en las Bodas de Oro hubiera un almuerzo familar de todos los hijos y nietos con la única ausencia de Iñaki Urdangarin, cuya relación con el Príncipe de Asturias y con el Rey quedó rota.
La agenda de la Reina había fijado también para este viernes su viaje a Londres para asistir al jubileo de diamantes de Isabel II. Doña Sofía tenía previsto asistir al almuerzo de gala en el castillo de Windsor en el sexagésimo aniversario de la llegada al trono de Isabel II. Esta decisión de la Reina no habría contado desde su inicio con todo el apoyo del Rey, con su agenda recortada y anulada por su caída en el polémico pisodio de su viaje a Botsuana.
Sobre la cancelación tan imprevista de este viaje hay dos versiones. La primera es la oficial. El Palacio de La Zarzuela, a través de un SMS a los medios, indicó que el Gobierno consideró "poco adecuado que en las circunstancias actuales" Doña Sofía asista a los actos. Recientemente el Gobierno de Gibraltar anunció del 11 al 13 de junio la visita del príncipe Eduardo y su esposa, Sophie Rhys-Jones.
Sin embargo, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, señaló hace una semana que el viaje de la Reina a los actos del jubileo de diamantes de Isabel II era de carácter "privado", y que por tanto no había que impedir su asistencia pese a la protesta formal de su ministerio al Gobierno de Gibraltar.
La segunda versión de esta suspensión apuntaría a una cierta contrariedad por el viaje de la Reina a los actos de los Windsor. La Casa del Rey anunció hace un mes la presencia de los monarcas en el almuerzo en el castillo de Windsor y la posterior cena en el palacio de Buckingham. Tras el accidente del Rey, el viaje se mantuvo pero sólo con asistencia de la Reina al almuerzo. Algunas fuentes especulan que la Reina habría planteado estar acompañado por los Príncipes de Asturias.
En esta segunda versión se apunta también a la buena entrada del ministro de Exteriores en La Zarzuela (al igual que el ministro de Defensa, Pedro Morenes). El jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, y Margallo podría haber reconducido la situación (de visita privada y anunciada y confimada a imprevista cancelación) en base a este foco de fricción en Gibraltar.
Es un hecho qeu el viaje de la Reina la hubiera puesto en un primer plano, con fuerte protganismo, algo bueno para España en un momento que necesita amigos en la Unión Europea y muestras de respeto y afecto. La suspensión de su viaje, si obdece además a otras razones, más allá de la versión oficial, indicarían que no todas la brasas quedaron apagadas en La Zarzuela tras el viaje a Botsuana y el conocimiento público del expediente Corinna.