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Conozco a varias personas que en diferentes grados se preocupan por todo…y son casi todas chicas. Desde hace ya mucho tiempo que sabemos que el cuerpo de ella no es igual al de él y que las diferencias van más allá de lo obvio. Debido a erróneos conceptos sociales, muchas ramas de la ciencia, incluyendo la importante medicina, trataba y diagnosticaba los problemas femeninos como los masculinos. Un ejemplo es la cardiología, aunque ambos tenemos corazones parecidos sus funcionamientos son distintos, lo cual es natural ya que las sustancias que recorren nuestras venas y bañan cada espacio interior son diferentes. La cardiología femenina es hoy en día distinta a la masculina y la neurología también debe serlo.
De hecho, los estudios del cerebro nos han regalado interesantes disimilitudes entre las neuronas de la hembra y las del macho. Y no sólo de forma estructural. Por supuesto, una vez lo piensas te das cuenta de que debe ser así, ya que cada animal se desarrolló para diferentes funciones. Además, es un error garrafal olvidar el notable efecto del medio ambiente en la especie; los cambios de pensamientos en las sociedades y el conocimiento adquirido y permitido tienen mucho que ver con la forma en que terminamos comportándonos.
Es probable que te puedas relacionar con la ansiedad. Solemos experimentar ese sentimiento en alguna ocasión, no obstante, hay personas que no pueden bajar el nivel y terminan preocupándose por lo más insustancial. Estas conductas tienen su función. En el enorme mapa del pasado de las especies, la ansiedad y el miedo están ahí para protegernos, alertándonos sobre peligros, aconsejándonos si continuar indagando en ese lugar, si pelear o huir despavoridos. Nuestra vida depende de ello.
Sin embargo, en el camino las cosas han ido cambiando. La explosión de la población ha permitido el desarrollo de cerebros distintos, conectados de formas diferentes y lo que una vez pudo ayudar a otro, hoy te hace daño. Además, las experiencias del individuo y la situación del medio también son importantes en el desarrollo.
Por eso es tan vital conocer cada recoveco del cerebro. Mientras más sabemos, mejor podremos controlar lo que no nos hace bien. “Es probable que estudios como el nuestro puedan predecir problemas en el desarrollo de la ansiedad en niñas pequeñas. Pero uno de los rompecabezas que debemos continuar investigando es determinar por qué las mujeres en general tienen más desórdenes de ansiedad”, explicó Jason Moser, de la Universidad del Estado de Michigan.
"Don´t worry be happy"
Moser es psicólogo y junto a un equipo indagó la ansiedad en el cerebro. Los voluntarios, 79 chicas y 70 chicos, respondieron cuestionarios sobre sus niveles de ansiedad, usaron un gorro de electrones y luego realizaron la prueba frente a la pantalla de un computador donde tenían que identificar la letra del medio en grupos de palabras de cinco letras. En algunas ocasiones la letra era la misma que las otras cuatro, es decir, FFFFF, mientras que en otras era distinta, EEFEE. Al final de cada prueba, los voluntarios llenaron cuestionarios que les preguntaba cómo se sintieron y qué tanto se preocuparon por sus respuestas.
Los resultados son interesantes. Aunque ambos sexos hicieron el trabajo bien en las primeras pruebas, es decir, identificaban correctamente más o menos las mismas letras, las chicas que se preocupaban ponían a sus cerebros a trabajar a mayor ritmo para lograr el mismo resultado que un chico sin preocupación o las chicas que no padecían de ansiedad.
“Las pruebas eran graduales y cada una de ellas era más y más difícil. En las pruebas más dificultosas, las chicas ansiosas tuvieron las peores calificaciones lo que sugiere que la preocupación se atraviesa y no te deja completar la tarea”, añade Moses.
Sabemos que es mucho mejor no preocuparse por tantas cosas, ¡y tanto! Y ser feliz, como dice la canción, pero hay personas que sencillamente no pueden. Los estudios como el de Moser, y sus coautores Tim P. Moran y Danielle Taylor, pretenden entender mejor cómo ocurre la ansiedad en el cerebro y poder, algún día, predecir cuáles niñas están en riesgo de padecer de alguno de estos desórdenes.
Cada vez más, los fármacos y las terapias cognitivas ayudan a las personas con estas enfermedades. De hecho, el equipo de Moser y otros investigadores están analizando si la hormona femenina estrógeno tiene que ver con estos problemas ansiosos. Se conoce que el estrógeno afecta la dopamina, un neurotransmisor que, entre otras cosas, juega un papel importante en el aprendizaje y en el procesamiento de errores en la parte frontal del cerebro.
Moser, además, desea agregar unos consejitos que potencialmente reducen la preocupación y aumentan la concentración. “Escribe en un diario sobre tus problemas. Muchos estudios han demostrado que escribir sobre la ansiedad que sientes la disminuye. También ayudan algunos juegos de esos que llaman ‘cerebrales’ y que son diseñados para mejorar la memoria y la concentración”.
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En la imagen, uno de los voluntarios mientras hacía la prueba, cortesía de la Universidad del Estado de Michigan. |
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