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Alberto de Mónaco se casa. O al menos se ha comprometido oficialmente con Charlene Wittstock. Desde que muriera su padre Rainiero en 2005, el príncipe ha intentado borrar poco a poco su fama de playboy, ha reconocido a dos hijos de dos mujeres diferentes y ha corrido un tupido velo sobre los rumores de su tendencia sexual. Desde hace cuatro años mantiene una relación más o menos estable con la nadadora sudafricana y hasta la fecha siempre contestaba lo mismo a los periodistas cuando le preguntaban sobre sus planes de boda: "Cuando lo estime oportuno, los contaré".
De momento la información es de lo más escueta. Se han prometido, pero no se ha fijado -oficialmente- fecha para el esperado evento. Su presencia en compañía de Charlene en el enlace del pasado fin de semana de Victoria de Suecia y Daniel Westling ya hizo sospechar que había acabado el periodo de prueba y que la cosa iba a mayores, como se hizo eco Hechos de Hoy. Y es muy probable que en la fiesta de la noche de despedida de solteros y durante el banquete nupcial algún príncipe y princesa fueran informados ya por el propio Alberto para ir coordinando agendas, seguramente de cara al próximo año.
Alberto conoció a Charlene en un evento deportivo celebrado en Montecarlo en 2001 pero no se les vio juntos oficialmente hasta los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín en 2006. A partir de entonces lo mismo viajaban de incógnito por esos mundos de Dios como que demostraban públicamente sobre el parquet de baile del Sporting Club que forman una pareja un poco desigual -se llevan veinte años- pero bienavenida.
Cuatro años de relación dan para mucho, y más con todos los monegascos deseando que el príncipe abandone por fin su soltería. Así, la mamá de la enésima novia de Alberto, Lynette Wittstock, declaraba en 2008 desde Sudáfrica que le daba lo mismo que Charlene se casara o no con el príncipe, que lo importante era que se quisieran. Meses antes, la nadadora tomó una drástica decisión y anuló su participación en los JJOO de Pekín para los que había entrenado duramente. Sin embargo, alguna ausencia en el palco durante el GP de Montecarlo hacían pensar que el noviazgo no era tal y se trataba más bien de una estrecha amistad entre Charlene y el príncipe.
My way
El hermano de Carolina y Estefanía siempre ha hecho las cosas "a mi manera", como cantaba Frank Sinatra, gran amigo de los fallecidos Rainiero y Grace Kelly. Y lo ha vuelto a demostrar este fin de semana. Le gusta provocar. Y eso hizo en Estocolmo. En lugar de anunciar el compromiso un par de semanas antes de la boda de Victoria de Suecia, primero la presentó a toda la realeza haciéndole pasar el mal trago de tener que sentarse detrás de él durante la ceremonia y abandonar la iglesia sola, mientras el salía del brazo de otra princesa, ya que todavía no tenía status de novia oficial, y total, y luego manda el comunicado. Vivir para ver. Charlene, que durante la ceremonia tenía una cara que era todo un poema, no se sabe si por la emoción del momento o pensando en lo que se le viene encima, debe de ser más buena que el pan.
Y ahora ha tenido su recompensa. Su boda ha sido largamente esperada después de que Alberto retozara con mujeres tan impresionantes como Claudia Schiffer, Brooke Shields o Tasha de Vasconcellos. La última boda real en Mónaco se celebró en 1956 cuando el padre de Alberto, Rainiero, se casó con la actriz estadounidense Grace Kelly, que se convirtió en la princesa Gracia Patricia. Aunque Alberto tiene dos hijos, Alexandre, fruto de una relación con la azafata africana Nicole Coste, y Jazmín Grace, de un breve amor con la estadounidense Tamara Rotolo, ninguno de los dos puede aspirar al trono.
Sólo los descendientes directos y legítimos, nacidos dentro del matrimonio pueden regentar el principado. Y de la existencia de un heredero Grimaldi depende la independencia de Mónaco que ya ha cumplido más de 700 años. El Parlamento cambió la Constitución en 2002 para permitir que algún hijo de Carolina o Estefanía pudiera acceder al trono si Alberto finalmente no tiene un hijo con Charlene.
Habrá pues nueva reunión por todo lo alto de la realeza, tan importante como la de Estocolmo y no como el esperado enlace entre Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik, en la isla griega de Spetses el próximo 25 de agosto, que será mucho más familiar.
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Alberto y Charlene en la boda de Victoria de Suecia. (Foto: SVT) |
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